Después del paréntesis estival, de nuevo estamos en septiembre. Quedan atrás días de descanso en emplazamientos cuidadosamente planeados durante meses de trabajo, donde hemos intentado evadirnos de preocupaciones cotidianas con el objetivo de buscar durante unos días la diversión y el reencuentro con Cristo, junto a la familia y los amigos.
Y en contra de lo que muchos puedan pensar,
Dios no se va de vacaciones. En palabras del Papa Benedicto XVI salir de
vacaciones, “no se trata de irse por irse para encontrar descanso, más bien se
trata de vivir de una manera nueva nuestras relaciones con nuestros prójimos,
con Dios, tomando el tiempo que esto requiere”. Asimismo, también citando al actual Papa Francisco, “las
vacaciones son un momento en el cual podemos también estar en compañía de Jesús
por un tiempo más prolongado o releyendo algunas páginas del Evangelio”.
Nuestro Dios sigue estando ahí, en cualquier lugar, haciéndose el encontradizo.
Por ello, cualquier espacio donde nos encontremos, puede ser un “espacio de fe
y comunicación con Él”. Estemos donde estemos los cristianos, hallaremos
siempre la confianza en Dios buscándolo siempre
al acercarnos a nuestros “puntos de encuentro” como las Iglesias, para asistir
a las celebraciones Eucarísticas y sentir de cerca su presencia en nuestras
vidas en comunión con los demás.
Se puede vivir la fe, también en vacaciones. Así
lo han decidido miles de jóvenes de todo el mundo, acudiendo a la JMJ para
compartir una experiencia de fe y de comunión con otros jóvenes, convocados por el Papa un año más, desde que a finales
de 1985 el entonces Papa Juan Pablo II, anunciara la institución de la Jornada
Mundial de la Juventud, después de dedicar ese mismo año una “Carta apostólica
a los Jóvenes y a las Jóvenes del mundo” (31 de marzo de 1985).
Así pues, a la primera JMJ, celebrada en las
diócesis de Roma en el año 1986, le siguió la primera gran edición
internacional, que tuvo lugar en el año 1987 en Buenos Aires (Argentina). Desde
entonces el Papa ha seguido reuniéndose cada dos o tres años con los jóvenes de
todo el mundo, cada año en un país distinto. En esta ocasión, ha sido Cracovia
la ciudad encargada de reunir cerca de 360.000 peregrinos de 187 países
distintos, entre los cuales han asistido unos 30.000 españoles. Allí han podido compartir su fe y han manifestado en una encuesta realizada,
que la Fe en Jesucristo es muy positiva para madurar, ser mejor persona, ser
solidario, ayudar a los más necesitados y construir un mundo mejor. El
testimonio de muchos de ellos pone de manifiesto que han sido unos días vividos
intensamente en hermandad y que a la pregunta del Papa de si “estaban
dispuestos a cambiar el mundo”, la mayoría de ellos se comprometieron a
intentar llevar a cabo esa difícil tarea. Sin duda, el asistir a este tipo de
eventos, influirá en sus vidas y les ayudará a construir un futuro mejor,
ayudándoles a asumir su lugar en la sociedad y en sus comunidades eclesiales de
origen.
Y es ahora, a punto de empezar un nuevo
curso, cuando nuestra vida de nuevo retoma un nuevo ritmo volviendo a las
rutinas de siempre. Comenzamos con esperanza y confianza un camino que no
sabemos que nos deparará, después de unas semanas de descanso que no todos
vivimos de la misma manera, porque aunque nuestra vida de cristiano sea muy
común, en ella existe “Alguien” que la orienta y completa, haciéndole adquirir
un sentido más pleno, porque en Él y sólo en Él está nuestra fuerza.
Que la Misericordia de Dios nuestro Padre nos acompañe especialmente en este
año y nos ayude a mirar hacia el futuro con esperanza y Fe renovadas.
María Teresa García Perales.