MARÍA
NUESTRA MADRE
Cercanos ya
al final de este año 2016 hacemos sin querer balance de un cúmulo de
experiencias que han ido enriqueciendo y llenando de sentido nuestros días con
momentos cruciales, conversaciones profundas o etéreas y hechos significativos
que marcan nuestro camino y ayudan a construir
nuestra vida.
Acaba otro
año, con una mezcla de melancolía y alegría que lo inunda todo. Y volvemos a
sentirnos agradecidos por todo lo bueno que hemos recibido a diario, por esas
situaciones no siempre fáciles y por las personas con las que Dios ha salido a
nuestro encuentro y que nos han enseñado
tanto.
¡Vivir,
construir entre todos, caminar juntos y mirando a una misma dirección… ¡ Así,
con objetivos comunes es más fácil que nuestras inquietudes se hagan realidad. Y es que no somos nada si nos
movemos solos, porque necesitamos estar cerca de los demás, tener amigos,
sentir afinidad y apoyo de un grupo donde poder trabajar por un objetivo común
y compartir tareas comunes. Sin duda todo será mejor si su esencia es tener devoción y
depositar nuestra confianza y anhelos en María, la Virgen Madre de Dios.
Por todo lo
anteriormente expuesto, hoy quiero traer a estas páginas de Siembra, mi humilde
testimonio y relatar algunas de las actividades que desarrolla en el mes de
noviembre desde hace pocos años uno de tantos grupos cristianos que componen el
entramado de las Cofradías en nuestro
pueblo: la de la “Cofradía de Nuestra Sra.
del Traspaso”.
Dado que la
titular de dicha Cofradía es una Piedad que representa el episodio de la Pasión
de Cristo en que la Virgen María sostiene el cuerpo de su hijo muerto, cada 21
de noviembre y aprovechando que la Iglesia celebra la onomástica de “Nuestra
Señora de la Piedad”, los hermanos de dicha Cofradía nos reunimos como si de
una familia se tratase para celebrar una Misa en su honor, en la cual además de
celebrar nuestra fe recordamos a los difuntos y se entrega a los nuevos
hermanos y a los que conmemoran sus 50 años de antigüedad las medallas marcadas
con la imagen de Nuestra Señora la Virgen del Traspaso. Pienso que no hay mejor
forma de conmemorar esta fiesta que reunidos en torno al Altar de Dios,
participando de una Eucaristía especial donde nuestra Virgen junto a su hijo
ocupa un lugar privilegiado en el templo; sin duda, el contemplar el rostro
sereno de María y a Jesús muerto en sus brazos de madre nos trae a la mente el
doble mensaje de Jesús: “Amaos los unos a los otros como yo os he amado” y “No
hay amor más grande que el de aquél que da la vida por sus amigos”.
En torno a
esta fecha también tiene lugar una cena de Hermandad que se está convirtiendo
en tradición y es motivo de encuentro con nuestros hermanos cofrades en una
fecha diferente a la Semana Santa y en la que los hermanos pasamos una velada
agradable compartiendo recuerdos y experiencias que nos hacen sentirnos más
unidos debido al vínculo único y común que compartimos y que no es más que el
profundo Amor y devoción a nuestra imagen
titular, una Piedad, bello nombre de origen latino que deriva del término
“Pietas”, que quiere decir “sentido del deber”, ese sentido del deber que
debería inundar nuestra vida por siempre y que nos ayudará a seguir trabajando
en proyectos que llenan de plenitud y sentido nuestra vida, siempre juntos y
sin decaer, tras las huellas de María nuestra Madre.