“…Cordón
de tres dobleces no se rompe fácil.”
El pasado
18 de diciembre tuvo lugar en la Parroquia “Altagracia” un Retiro Matrimonial
dirigido por don Secundino en el que participaron 18 matrimonios. Era Adviento,
tiempo de esperanza, de preparación y llamada a la conversión, una conversión
cuyo proceso es distinto según cada persona, pero que a la vez tiene unas
constantes comunes.
El
Encuentro empezó con una Oración inicial que dio paso a una reflexión sobre la
Conversión de San Pedro a la luz de la lectura de Lucas 5, 1-11. Después
hicimos un descanso y continuamos de nuevo con una Oración y una nueva
reflexión partiendo de la lectura de Juan 21, 1-19. Continuamos con la comida y
en la sobremesa nos dispusimos en un gran círculo donde nos fuimos presentando
y contando nuestra experiencia vital, lo cual considero que fue bastante enriquecedor
porque aunque algunos no nos conocíamos hubo un clima cálido y de confianza que
nos permitió abrirnos a los demás. Después, pasamos un rato agradable
comentando lo importante que ha de ser evaluar a menudo la relación
matrimonial, para lo cual se nos presentó como posible medio la utilización de
un Test. Por último, finalizamos la jornada como no podía ser de otra manera,
con la Eucaristía. Al marcharnos nos fuimos contentos y agradecidos por haber compartido
unas horas junto a nuestros cónyuges, los demás matrimonios y a Dios, con la ilusión de volver a vernos
pronto.
Al igual
que Pedro, nosotros nos sentimos atraídos por Jesús, pero no podemos estar
siempre en el punto 10 y tener clara nuestra Fe no es tarea fácil porque pasamos
por muchas etapas a lo largo de nuestra vida. Aun habiéndolo dejado todo, la Fe
de los apóstoles era inicial como la nuestra, porque tenemos que recorrer un
camino y mostrar una Fe abierta, dispuesta a seguir el camino de Jesús con las
dificultades que ello conlleva.
Nuestra
conversión es un proceso que ha de ir madurando, dejando que Dios actúe en
nuestra situación y circunstancia propias. A pesar de las dificultades,
seguimos siendo creyentes y la mayoría hemos nacido en una familia más o menos
cristiana y con un ambiente más o menos favorable. Ser cristiano no ha sido una
decisión mía porque es el Señor el que nos ha llamado y eso hace sentirnos afortunados.
Alguien nos
enseñó la Fe, hicimos la Primera Comunión, nos confirmamos y elegimos compartir
nuestra vida con otra persona. Detrás de diversos rostros: sacerdote, profesor,
religiosa, padres, catequista, amigos, etc…, está el rostro de La Iglesia, la
llamada de Dios para estar con Él y salir a predicar. Así superaremos cualquier
problema, porque con el tiempo las cosas van cambiando en el matrimonio, decae
el entusiasmo y hay crisis, se ven afectados otros ámbitos y comenzamos a experimentar desilusiones y fracasos. ¿Cómo
podemos superar esta situación? Abandonándonos en Dios y renunciando a nuestra
propia autosuficiencia, además de tener
una buena comunicación el uno con el otro para evaluar qué está pasando. Hemos
optado por vivir en compañía y construir un proyecto de vida juntos, porque el
secreto para prevalecer en la relación se nos dice en Eclesiastés 4:12:
“…Cordón de tres dobleces no se rompe fácil.”Es
decir: El, Ella y Dios.
Nosotros
dos junto a Dios pues es en Él donde tenemos nuestros cimientos para que no se
nos derrumbe nuestro matrimonio.
MARÍA TERESA GARCÍA PERALES.