Desde hace unos años se vienen celebrando en nuestro Arciprestazgo de Mancha Sur los “Encuentros de Maestros y Profesores Católicos” con una periodicidad de dos veces por curso académico. El último de este curso tuvo lugar el pasado sábado 11 de marzo en el colegio “San José” de Manzanares y como siempre nos dio la oportunidad de encontrarnos entre compañeros con un mismo sentir y una misma Fe.
Nos encontramos en la puerta del Castillo de Pilas
Bonas y tras los saludos de rigor nos encaminamos hacia el colegio. Después
tuvimos una oración en la capilla y tras una breve presentación audiovisual, el
sacerdote don Pedro López de la Manzanara, rector del Seminario Diocesano y
natural de Manzanares nos impartió una charla centrada en la Vocación como
camino.
- Cuando
“pensamos en vocación”, ha de ser en cuanto a nosotros mismos, porque
somos vocación por naturaleza, y esa es nuestra realidad más íntima y nuclear
en nuestro ser. Existe un principio operativo que nos presenta la vida como un
don recibido, un bien y un regalo para ser regalado. Nos damos al otro porque
antes se nos ha dado a nosotros y así
queda reflejado en muchas citas del Evangelio: “Amaos como yo os he amado”,
“Dad gratis lo que habéis recibido gratis…”
- Hablamos de vocación porque creemos en alguien que
llama y ese es Dios, sin el cual no hay vocación. Yo soy llamado y mi vocación
viene dada como respuesta a quien me llama. Por tanto, la vocación es un
encuentro personal, un encuentro de amistad, una cuestión de amor en
definitiva. Hemos sido llamados para ser consagrados por el Bautismo y para
reflejar la vida de Cristo a través de nuestros actos.
Frente al compromiso y la entrega total a Dios, se
encuentra el polo opuesto, lo que llamamos “el invierno vocacional”, y que se
refiere a la escasez de vocaciones al sacerdocio y la vida religiosa y
consagrada en la sociedad actual. Esta crisis vocacional es la consecuencia del
error que a veces cometemos al pensar
que somos independientes y que Dios no está en el horizonte de la vida.
- Cuando hablamos de vocación no nos referimos sólo
a la “vocación religiosa”, sino también a la vocación que tenemos en el
desarrollo de nuestras profesiones, porque los laicos hemos de tener una conciencia
vocacional que nos lleve a ser conscientes de que el Señor nos ha amado.
Podemos seguir como modelo a la Virgen María y la respuesta que ella tuvo a ese
amor, pues "colaboró por su fe a la salvación de los hombres".
- Es necesario que haya una “cultura vocacional”,
haciéndola tangible, hablando de ella y pensando que al hablar de vocación ésta
no ha de reducirse sólo al ámbito religioso. También ha de haber “vocación” en
mi vida profesional, estando disponibles y preparados para dar razón de nuestra
fe en nuestros ambientes laborales y donando nuestra vida donde sea que nos
movamos.
En el caso de los maestros, nuestra vocación en el
ámbito de la enseñanza es un don que nos ha de conducir a ser conscientes de la
importancia e incidencia que tenemos en la educación y en el proceso de
formación de la conciencia de niños, adultos y de la familia en general. No
podemos conformarnos con hacer lo justo cada día, porque educar requiere mucho
compromiso y el deseo continuo de renovarse y superarse, adaptándose a las
necesidades de nuestro alumnado.
Que Jesús de Nazaret, el Maestro por excelencia, nos
ayude a mantener siempre viva la ilusión en el desempeño de nuestra labor y nos
haga siempre estar dispuestos a apreciar y confiar en el presente y el futuro
de los seres que Dios nos ha confiado.
MARÍA TERESA GARCÍA PERALES
