domingo, 17 de septiembre de 2017

IN MEMORIAM DE GABRIEL CANO LABIÁN

Al poco de venir por vez primera a Manzanares pude conocerle. Se llamaba Gabriel y fue mi marido quien me lo presentó una tarde. Muchos años atrás había trabajado codo con codo con mi suegro. Desde entonces siempre ha habido un sentimiento mutuo de afecto y respeto entre Gabriel y mi familia política. Así lo he podido experimentar cada vez que al pasar por su puerta en el Paseo de la Estación, mi marido y yo nos parábamos a hablar con él y con Casilda su mujer.  

Pocos días antes de su muerte, mi marido, mi hija y yo fuimos a visitarlo al hospital. Gabriel estaba muy débil y tenía puesta una mascarilla de oxígeno. No obstante, hizo todo el esfuerzo por hablar con nosotros, a pesar de que le costaba mucho articular la más mínima palabra.  Nos despedimos con un estrechón de manos esperando volverlo a ver pronto como tantas veces, a la puerta de su casa sentado en un banco como era su costumbre, pero no pudo ser, ya que pocos días después su corazón dejó de latir, muriendo rodeado de  la familia que había formado al lado de su mujer y de la que él se sentía tan orgulloso. Seguramente se fue muy feliz al cielo por haber gozado de tantos años de matrimonio junto a su esposa, sabiéndose amado y consciente de dejar aquí una familia unida sustentada por el amor a los suyos. 

No resulta fácil decir adiós a una persona querida y más cuando se trata de un padre. Es tan profundo el dolor que se experimenta, que a veces nos sentimos confusos y reaccionamos de forma inesperada queriéndonos hacer los fuertes, sin poder expresar los sentimientos que experimentamos, pero es necesario un tiempo de duelo que nos ayude a superar los malos momentos que supone perder a alguien que ha sido nuestro referente y ha significado tanto en nuestra vida. 

A continuación, os presento la carta que su hijo José Cano ha escrito para despedirse de Gabriel su padre. 

Teresa García Perales.  

 

 

 

 

 

 

 

 

 

A MI PADRE 

 

José Cano Muñoz 

El 3 de septiembre enterramos a una persona amable, cariñosa, amigo de sus amigos, mi padre: Gabriel, más conocido como Masena, el cual además de un buen padre, ha sido un compañero, un amigo y un confidente. Sin duda se sentiría satisfecho de irse de  este mundo rodeado de todos sus seres queridos. 

Su partida hacía el Padre me deja un gran vacío. Fue un hombre sencillo que paso por este mundo sin hacer mucho ruido, pero fue una persona querida por la gente, al que le gustaba ser amigo de sus amigos.  Por motivos obvios,  no fue una persona con muchos conocimientos, pero tampoco fue un analfabeto, pues aunque apenas tenía estudios, les daba lecciones a los que tienen carrera. Fue un hombre cabal que supo enseñarnos a sus hijos lo más fundamental e importante que se puede considerar y que no se aprende en las universidades: respeto, educación y amor al prójimo, valores  que hoy en día parecen estar en desuso o se han perdido. Estuvo casado con Casilda, mi madre, 61 años y tuvo dos hijos, mi hermana y yo, 4 nietos y 4 biznietos. 

Fue uno de los últimos toneleros que quedaban. Empezó a trabajar desde muy joven en el taller de Dámaso y más tarde, ya como oficial, fue a la bodega que regía Milagros, más conocida como la de Manuel Rodríguez Maestre, terminando su vida laboral en la bodega de Taravilla que llevaba Enrique Fernández-Pacheco donde se jubiló. 

 Después del dolor, el cansancio, y sobre todo la dureza de su  pérdida, quiero agradecer a mi padre todo lo que nos ha dado. Nunca lo olvidaremos y como dijo uno de sus nietos: “Se me va la persona más buena de este mundo. Ahora sí sé que hay un San Gabriel en el cielo…” 

También quiero expresar mi agradecimiento a todas esas personas que nos han acompañado en estos momentos tan duros y le han dado el último adiós: familia, amigos, familiares de sus jefes y todo el mundo que quería a mi padre. 

Agradecer también a todos los profesionales del Hospital “Virgen de Altagracia” por el buen trato recibido hacia mi persona, a mi familia y en especial mi madre. Gracias al personal de Urgencias, al de Medicina Interna, al de Cocina y a una persona muy particular y especial, en concreto al celador Antonio. Gracias a todos de corazón,  muchas gracias. 

Se ha ido uno de los últimos toneleros de Manzanares al cielo, a manejar el martillo, la gubia, las duelas…Lo oímos dar golpes en la bigornia, como el decía. 

Padre, siempre te echaremos de menos y nunca te olvidaremos . D.E.P. 

“Ya rueda la cuba en el cielo, 

ya humean las duelas de roble… 

Ya golpea el martillo los aros. 

Masena moldea la madera,  

la madera del tonel… 

Ya oímos a San Pedro,  

los encargos que te hace.  

Feliz serás en el cielo,  

con todos los toneleros…” 

                                 José Cano Muñoz.