miércoles, 1 de noviembre de 2017

OCTUBRE, MES DE MISIÓN.

 Pasó octubre, el mes de Misión por muchas razones. En primer lugar porque empieza con la conmemoración de la patrona de las Misiones, Santa Teresita del Niños Jesús y casi se acaba con la celebración en todo el mundo del DOMUND, el día en que de un modo especial, la Iglesia Universal reza por los misioneros y colabora con ellos. Este año el  lema ha sido: “Sé valiente, la misión te espera”, frase cargada de un gran sentido y que nos invita por un lado a tener coraje y valentía para llevar el Evangelio de Jesús a los que nos rodean y por otro lado nos dice que nos está esperando una misión que sólo podremos desarrollar saliendo de nosotros mismos junto a Dios, dónde según las palabras de San Pablo, “…vivimos, nos movemos y existimos”.

Y asimismo, también en octubre, el pasado día 15, se llevó a cabo en la Parroquia de Altagracia la presentación  de los Catequistas a la Comunidad Parroquial. Con este gesto pudimos celebrar comunitariamente el comienzo del curso catequético y quisimos dar testimonio de nuestro compromiso a colaborar en la Misión de Jesús como Maestro, porque todos los bautizados hemos recibido la misión de evangelizar.

Obviamente resulta curioso que en ese día en que sellamos nuestro compromiso como catequistas, la Iglesia Universal celebraba la festividad de Santa Teresa de Jesús, “la maestra de oración” como la define el Papa Francisco. Ella que fue una mujer audaz y luchadora,  ha de ser un referente y un modelo a seguir para nosotros los catequistas en nuestra labor evangelizadora de anunciar a Cristo tanto a niños, como a jóvenes y adultos, en estos tiempos en que la familia ha dejado de asumir en muchos casos la transmisión de la fe. Así, cuando estemos en dificultades o nuestra fe desfallezca no olvidemos invocarnos a ella con esos versos tan bellos y a la vez conocidos de “Nada te turbe, nada te espante…””…Quien a Dios tiene nada le falta. Sólo Dios basta”

Todo ello nos hará entender nuestra vocación de catequista como un regalo que nos hace Dios y que cada semana cuando nos reunimos con nuestros catecúmenos, es una nueva oportunidad que nos ayuda a afianzar y fortalecer nuestra fe. Y así, como dice un proverbio de sobra conocido: “Todo lo que no se da, se pierde” hemos de saber darnos a ellos con una gran carga de ilusión, siendo siempre fieles a transmitir el tesoro de la Fe,  a pesar de nuestras limitaciones y de nuestros pasos vacilantes. Porque aunque podamos desilusionarnos y caer  a veces en el desánimo y la desesperanza, al final sin duda nos daremos  cuenta que en esta tarea que se nos ha encomendado, no somos nosotros los que damos, sino los que recibimos de nuestro “grupo” todo lo que está pasando en su corazones y en su vida, invitándonos a ser testigos de Jesús en medio de ellos con una actitud de escucha constante.

Sigamos pues el ritmo de la entrega y de la participación en nuestra comunidad parroquial, siendo levadura y haciéndonos solidarios con la Iglesia y la sociedad a través de las “personas” que Dios pone a nuestra disposición, para poder comunicarles el Evangelio y nuestra experiencia de Dios en un mundo caracterizado por el fenómeno sociológico de la increencia y el agnosticismo que no debemos dejar que influya en nuestra labor.

MARÍA TERESA GARCÍA PERALES.