Pasó octubre, el mes de Misión por muchas razones. En primer lugar porque empieza con la conmemoración de la patrona de las Misiones, Santa Teresita del Niños Jesús y casi se acaba con la celebración en todo el mundo del DOMUND, el día en que de un modo especial, la Iglesia Universal reza por los misioneros y colabora con ellos. Este año el lema ha sido: “Sé valiente, la misión te espera”, frase cargada de un gran sentido y que nos invita por un lado a tener coraje y valentía para llevar el Evangelio de Jesús a los que nos rodean y por otro lado nos dice que nos está esperando una misión que sólo podremos desarrollar saliendo de nosotros mismos junto a Dios, dónde según las palabras de San Pablo, “…vivimos, nos movemos y existimos”.
Y
asimismo, también en octubre, el pasado día 15, se llevó a cabo en la Parroquia
de Altagracia la presentación de los Catequistas a la Comunidad Parroquial.
Con este gesto pudimos celebrar comunitariamente el comienzo del curso
catequético y quisimos dar testimonio de nuestro compromiso a colaborar en la
Misión de Jesús como Maestro, porque todos los bautizados hemos recibido la
misión de evangelizar.
Obviamente
resulta curioso que en ese día en que sellamos nuestro compromiso como catequistas,
la Iglesia Universal celebraba la festividad de Santa Teresa de Jesús, “la
maestra de oración” como la define el Papa Francisco. Ella que fue una mujer
audaz y luchadora, ha de ser un
referente y un modelo a seguir para nosotros los catequistas en nuestra labor
evangelizadora de anunciar a Cristo tanto a niños, como a jóvenes y adultos, en
estos tiempos en que la familia ha dejado de asumir en muchos casos la
transmisión de la fe. Así, cuando estemos en dificultades o nuestra fe
desfallezca no olvidemos invocarnos a ella con esos versos tan bellos y a la
vez conocidos de “Nada te turbe, nada te espante…””…Quien a Dios tiene nada le
falta. Sólo Dios basta”
Todo
ello nos hará entender nuestra vocación de catequista como un regalo que nos
hace Dios y que cada semana cuando nos reunimos con nuestros catecúmenos, es
una nueva oportunidad que nos ayuda a afianzar y fortalecer nuestra fe. Y así,
como dice un proverbio de sobra conocido: “Todo lo que no se da, se pierde”
hemos de saber darnos a ellos con una gran carga de ilusión, siendo siempre fieles
a transmitir el tesoro de la Fe, a pesar
de nuestras limitaciones y de nuestros pasos vacilantes. Porque aunque podamos
desilusionarnos y caer a veces en el
desánimo y la desesperanza, al final sin duda nos daremos cuenta que en esta tarea que se nos ha
encomendado, no somos nosotros los que damos, sino los que recibimos de nuestro
“grupo” todo lo que está pasando en su corazones y en su vida, invitándonos a
ser testigos de Jesús en medio de ellos con una actitud de escucha constante.
Sigamos
pues el ritmo de la entrega y de la participación en nuestra comunidad
parroquial, siendo levadura y haciéndonos solidarios con la Iglesia y la sociedad
a través de las “personas” que Dios pone a nuestra disposición, para poder
comunicarles el Evangelio y nuestra experiencia de Dios en un mundo
caracterizado por el fenómeno sociológico de la increencia y el agnosticismo
que no debemos dejar que influya en nuestra labor.
MARÍA
TERESA GARCÍA PERALES.