sábado, 8 de octubre de 2022

CARTA A MARÍA.


Aquí me tienes de nuevo ante ti Virgen del Traspaso. Tu aspecto sobrio me estremece y apena al contemplar tus lágrimas de dolor, angustia y extenuación, mientras sin darme cuenta tengo el atrevimiento de contarte lo que turba mi alma, en este silencio que lo invade todo y que tanto necesito para dirigirte mi oración callada.

Observo la sencillez de tu imagen y de tu indumentaria: tu toca blanca (del color de la luz, de la eternidad y tu carácter virginal) y tu manto azul (del color del cielo que significa confianza y protección) que a su vez, deja entrever tu túnica de color morado que denota penitencia y humildad.

Te dirijo mi súplica, en la que pongo mis pesares y mis dudas, mis preocupaciones y la confianza que hace que mi espíritu se serene y encuentre la ansiada calma que necesito.

Contemplo tu rostro e imagino tu corazón latiendo con fuerza, cada vez más, aumentando progresivamente su frecuencia, mientras al pie de la cruz contemplas en tus brazos a tu hijo muerto recién bajado de la cruz, ese niño ahora adulto al que como en este momento sostuviste junto a tu corazón, prometiendo protegerlo toda la vida.

Y es ese momento cuando siento que lo que yo llamo problemas es tan poca cosa…, entonces me invade la compasión por tantas madres ahogadas por la tristeza de haber perdido a un hijo…, por la situación de guerra en Ucrania y por los miles de conflictos a lo largo y ancho del planeta y por la desigualdad de oportunidades que afecta a tantas personas, no sólo lejos, sino también en nuestra realidad más cercana.

Te pido que cubras con tu manto y ampares a cuántos te necesitan y entonces empiezo a enumerarte a mis personas queridas y más próximas, a veces en general y otras veces una por una, por sus necesidades y todo lo que más les inquieta.

Y entonces siento calma al sentirte tan cerca y respiro, recobrando la tranquilidad como tantas veces, en tantas situaciones en que te invoco. Te agradezco que hayas salido a mi encuentro en tantos momentos de mi vida y que te hayas posicionado a medio camino ayudándome a alcanzar a tu hijo para guiarme.

Gracias, muchas gracias María, en tu advocación del Traspaso por tu presencia en nuestras vidas y en las miles de vidas que llenas de tu compasión, a pesar de todos nuestros errores y debilidades.

Déjanos Madre mía, Virgen querida del Traspaso, sentir tu presencia en nuestra vida y experimentar esa entrega sin límites que nos sobrepasa y alienta.

Firmado: Un hermano/a ante su imagen.

MARÍA TERESA GARCÍA PERALES.