Amanece en la colina, comienza una nueva jornada…Se repite de nuevo la
misma rutina durante el transcurso de
una semana para conducirnos a las fuentes de la fe: la Oración de la mañana, el
desayuno, los encuentros para la reflexión…, y de nuevo la Oración del mediodía,
seguida de una sencilla comida, el ensayo de cantos, la reunión de grupos, la cena y por último la
Oración Nocturna. Todo ello constituye un día intenso completado a veces con
reuniones por países o con la participación en la Eucaristía donde las lecturas
al igual que los cantos son en varios idiomas. Dichos cantos de pocos versos,
se repiten hasta la saciedad, y suelen tener una melodía sencilla y hermosa que toca el
corazón y que emociona hasta lo indecible.
Resulta difícil describir lo que se siente cuando rodeado de personas de
múltiples países se canta al unísono la misma canción alternándola en diversos
idiomas, con textos de la Biblia o frases conocidas de Santos tan entrañables
como Santa Teresa o San Juan de la Cruz. A veces, en medio de los cantos hay
momentos de silencio para así dejar que Dios nos hable y podamos experimentar
la cercanía de su amor.
Todo lo descrito anteriormente, ocurre cada día en el corazón de la región
de Borgoña, en Francia. Allí existe un precioso lugar que sin duda es un
potente foco de espiritualidad que atrae cada año a miles de cristianos de toda
procedencia, especialmente jóvenes. Se trata de Taizé, una pequeña aldea donde en el verano de 1940, un joven
estudiante de Teología, de nacionalidad suiza
llamado Roger Schutz, comienza a hacer realidad un sueño, el de crear “un pequeño albergue”, una casa donde
orar, acoger y poder vivir algún día una vida de Comunidad. Con este objetivo
abandonó Suiza de donde era natural y pasó a Francia, país natal de su madre.
Taizé por aquellas fechas, se encontraba bajo la ocupación alemana después de
la derrota del ejército francés. Roger encontró allí una casa en venta en lo
alto de una colina, y tras regresar al hogar paterno para consultar a su padre,
volvió y la compró. Allí vivió hasta su muerte, en agosto de 2005.
Podemos destacar que es en 1949, cuando Roger como Prior, junto a siete
hombres más, se comprometieron a la vida en celibato y pobreza. Es así como
empieza una Comunidad que se ha ido desarrollando con el paso de los años y que
actualmente cuenta con más de cien hermanos formada por ortodoxos, protestantes
y católicos provenientes de unos treinta países que viven sólo de su trabajo
(alfarería, edición de libros religiosos, etc…), habiendo además pequeñas
fraternidades de hermanos repartidas en los países más pobres del mundo.
El Hermano Roger, siempre buscó con anhelo la reconciliación de los
cristianos, lo cual sin duda se materializó en esta Comunidad que él fundó y en los Encuentros de
Jóvenes que no sólo se desarrollan allí en la colina, pues Taizé
organiza, desde 1978 y
anualmente, un encuentro de cinco días en una gran ciudad europea, del 28 de
diciembre al 1 de enero, al que asisten decenas de miles de jóvenes. Puedo
decir que he tenido la suerte de asistir a varios encuentros en Viena, Munich,
Paris, Wroclaw, Hamburgo y Lisboa y por tanto disfrutar de muchos momentos
junto a jóvenes de todo el mundo así como de las familias que nos acogían en
sus casas y se desvivían por hacernos lo más agradable nuestra estancia allí.
Este año, el 38º Encuentro Europeo ha tenido lugar en nuestro país, más concretamente en Valencia, desde el 28 de diciembre de 2015 al 1 de enero de 2016. En él han participado cerca de 30.000 personas, la mitad procedentes de más de 50 países europeos de los que muchos han sido acogidos en hogares por miles de familias valencianas, con la colaboración de cerca de 200 parroquias de la diócesis.
Durante el Encuentro Europeo,
la Catedral de Valencia y la iglesia de Santa Catalina han acogido todos los
días oraciones simultáneas y talleres, al igual que dos grandes carpas
instaladas en el cauce del río Turia, desde donde también han sido repartidas
150.000 bolsas de comida para los peregrinos durante los cinco días.
El Encuentro ha contado con
la participación del Prior de la Comunidad Ecuménica de Taizé, el hermano
Alois, que ha dirigido todos los días meditaciones a los jóvenes y les ha
planteado cinco propuestas sobre la Misericordia para la reflexión y la acción
durante los próximos tres años.
Asi mismo, resaltar que el Papa Francisco dirigió un
mensaje para el Encuentro, en el que animaba a los jóvenes participantes a
"tener el coraje de la misericordia para estar cerca de las personas más
desamparadas".
Y como no podía ser de otra manera en este
año, termino esta reflexión con el siguiente canto de Taizé, que tantas veces
canté en mi juventud cuando asistía a los Encuentros o cuando experimenté la
experiencia en la colina: “Misericordias
Domini In aeternum cantabo… “, que se
traduce como: “La Misericordia del Señor, cada día cantaré…”
María Teresa García Perales.