lunes, 22 de febrero de 2016

TRAS LAS HUELLAS DE TAIZÉ.

 

Hmno. Roger de Taizé.

Amanece en la colina, comienza una nueva jornada…Se repite de nuevo la misma  rutina durante el transcurso de una semana para conducirnos a las fuentes de la fe: la Oración de la mañana, el desayuno, los encuentros para la reflexión…, y de nuevo la Oración del mediodía, seguida de una sencilla comida, el ensayo de cantos, la  reunión de grupos, la cena y por último la Oración Nocturna. Todo ello constituye un día intenso completado a veces con reuniones por países o con la participación en la Eucaristía donde las lecturas al igual que los cantos son en varios idiomas. Dichos cantos de pocos versos, se repiten hasta la saciedad, y suelen tener  una melodía sencilla y hermosa que toca el corazón y que emociona hasta lo indecible.

Resulta difícil describir lo que se siente cuando rodeado de personas de múltiples países se canta al unísono la misma canción alternándola en diversos idiomas, con textos de la Biblia o frases conocidas de Santos tan entrañables como Santa Teresa o San Juan de la Cruz. A veces, en medio de los cantos hay momentos de silencio para así dejar que Dios nos hable y podamos experimentar la cercanía de su amor.

Todo lo descrito anteriormente, ocurre cada día en el corazón de la región de Borgoña, en Francia. Allí existe un precioso lugar que sin duda es un potente foco de espiritualidad que atrae cada año a miles de cristianos de toda procedencia, especialmente jóvenes. Se trata de Taizé, una pequeña aldea donde en el verano de 1940, un joven estudiante de Teología, de nacionalidad suiza  llamado Roger Schutz, comienza a hacer realidad un sueño, el de crear “un pequeño albergue”, una casa donde orar, acoger y poder vivir algún día una vida de Comunidad. Con este objetivo abandonó Suiza de donde era natural y pasó a Francia, país natal de su madre. Taizé por aquellas fechas, se encontraba bajo la ocupación alemana después de la derrota del ejército francés. Roger encontró allí una casa en venta en lo alto de una colina, y tras regresar al hogar paterno para consultar a su padre, volvió y la compró. Allí vivió hasta su muerte, en agosto de 2005.

Podemos destacar que es en 1949, cuando Roger como Prior, junto a siete hombres más, se comprometieron a la vida en celibato y pobreza. Es así como empieza una Comunidad que se ha ido desarrollando con el paso de los años y que actualmente cuenta con más de cien hermanos formada por ortodoxos, protestantes y católicos provenientes de unos treinta países que viven sólo de su trabajo (alfarería, edición de libros religiosos, etc…), habiendo además pequeñas fraternidades de hermanos repartidas en los países más pobres del mundo.

El Hermano Roger, siempre buscó con anhelo la reconciliación de los cristianos, lo cual sin duda se materializó en esta  Comunidad que él fundó y en los Encuentros de Jóvenes que no sólo se desarrollan allí en la colina, pues Taizé organiza, desde 1978 y anualmente, un encuentro de cinco días en una gran ciudad europea, del 28 de diciembre al 1 de enero, al que asisten decenas de miles de jóvenes. Puedo decir que he tenido la suerte de asistir a varios encuentros en Viena, Munich, Paris, Wroclaw, Hamburgo y Lisboa y por tanto disfrutar de muchos momentos junto a jóvenes de todo el mundo así como de las familias que nos acogían en sus casas y se desvivían por hacernos lo más agradable nuestra estancia allí.


Este año, el 38º Encuentro Europeo ha tenido lugar en nuestro país, más concretamente en Valencia, desde el 28 de diciembre de 2015 al 1 de enero de 2016. En él han participado cerca de 30.000 personas, la mitad procedentes de más de 50 países europeos de los que muchos han sido acogidos en hogares por miles de familias valencianas, con la colaboración de cerca de 200 parroquias de la diócesis.

Durante el Encuentro Europeo, la Catedral de Valencia y la iglesia de Santa Catalina han acogido todos los días oraciones simultáneas y talleres, al igual que dos grandes carpas instaladas en el cauce del río Turia, desde donde también han sido repartidas 150.000 bolsas de comida para los peregrinos durante los cinco días.

El Encuentro ha contado con la participación del Prior de la Comunidad Ecuménica de Taizé, el hermano Alois, que ha dirigido todos los días meditaciones a los jóvenes y les ha planteado cinco propuestas sobre la Misericordia para la reflexión y la acción durante los próximos tres años.

Asi mismo,  resaltar que el Papa Francisco dirigió un mensaje para el Encuentro, en el que animaba a los jóvenes participantes a "tener el coraje de la misericordia para estar cerca de las personas más desamparadas".

 Y como no podía ser de otra manera en este año, termino esta reflexión con el siguiente canto de Taizé, que tantas veces canté en mi juventud cuando asistía a los Encuentros o cuando experimenté la experiencia en la colina: “Misericordias Domini In aeternum cantabo… “, que se traduce como: “La Misericordia del Señor, cada día cantaré…”

 María Teresa García Perales.

 

 

jueves, 18 de febrero de 2016

 

CELEBRAR LA FE

Llega de nuevo un año más la Semana Santa, un tiempo de reflexión, de perdón, de búsqueda, encuentro y oración en torno a la Cruz. Se interrumpe el sentir rutinario de los días, y se hace un paréntesis en el transcurso de nuestra vida, intentando establecer la ocasión de rememorar con intensidad los episodios centrales de la vida de Jesús.

Y vuelve a mi memoria, el recuerdo de otras muchas Semanas Santas, en diversos lugares y con otras gentes, situaciones llenas de encuentros que conducen y ayudan siempre a revisar la vida junto al  fervor popular que impregna las calles y que supone un tiempo especial e íntimo junto a Dios, en un  Camino hacia la Pascua que nos conduce al  fortalecimiento de nuestra Fe.

Siempre he considerado que existen dos formas paralelas de celebrar la Semana Santa y que libremente, cada uno puede decantarse por una de ellas o a su vez participar de las dos.

Por un lado podemos vivir estos días internamente, desde el recogimiento y la participación que supone asistir en los templos a las Celebraciones Litúrgicas, rezando ante el Monumento al Santísimo o celebrando la Resurrección del Señor en la Vigilia Pascual. Por otro lado, también nuestra participación puede ser externa,  contemplando los pasos procesionales que inundan las calles o acompañando como penitentes a Jesús que camina entre nosotros en recuerdo de su Pasión, Muerte y Resurrección.

Pienso que estas son dos formas distintas de vivir y celebrar la Fe y que no deberían existir la una sin la otra. Por ello, las diversas Cofradías que conforman el entramado de la Semana Santa en Manzanares no se limitan a manifestarse públicamente en Jueves, Viernes Santo o Domingo de Resurrección. Su labor va más allá y pasa por el compromiso con sus semejantes.

Desde mi experiencia en los 10 años que llevo conociendo de cerca cómo  funciona la Cofradía de la Virgen del Traspaso, Descendimiento y Santa Cruz, puedo decir que la esencia de los cofrades radica en  un esfuerzo sustentando por una ilusión continua de seguir avanzando. Cabe destacar este año que tres miembros de la Junta de Gobierno han restaurado por completo el grupo escultórico del Descendimiento, ya que el paso de los años lo había deteriorado bastante. Gracias a su dedicación y tiempo, podremos disfrutar este año de un paso renovado y más bello aún si cabe.

Y así, la consecución de los objetivos conseguidos da paso a establecer otras metas, basadas en la devoción a un titular que nos lleva a vibrar  por ese Alguien que marca el rumbo de nuestra vida.

Y a pesar de que a veces las estadísticas tilden la situación actual de la Iglesia Católica en España de crisis, o escuchemos frases como la de que : “Vivimos en una sociedad secularizada en la que Dios está ausente”, los católicos no podemos dejarnos influir por aseveraciones de este tipo ya que “nuestros cimientos” son sólidos y firmes.

Que estos días sean pues, algo más que unos días de descanso y nos brinden  una nueva oportunidad de entrega a Dios y a los que nos rodean, buscando siempre hacer el bien. Recordemos las palabras del Hermano Roger de Taizé, que solía decir a los jóvenes reunidos allí: «Si Cristo no hubiese resucitado, nosotros no estaríamos aquí». Por tanto, celebremos pues nuestra Fe, heredada de nuestros mayores y seamos siempre germen de esperanza en un mundo en el que a veces somos incomprendidos.

Gocemos pues esta Semana Santa del 2017 haciendo presente a Cristo Resucitado en medio de nosotros.

MARÍA TERESA GARCÍA PERALES