ALFONSO LOZANO VALLE
El pasado 9 de enero tuve oportunidad de mantener una
conversación telefónica con Alfonso Lozano Valle, dibujante, ilustrador y
pintor nacido en Manzanares.
Le hablé de la posibilidad de hacerle una entrevista para
“Siembra” acerca de su vida y obra, a lo cual me respondió que no había
problema. Me dijo que Manuel Rodríguez Mazarro, colaborador de esta revista,
tenía mucha información sobre él como he podido comprobar. Y así a partir de lo
que él me contó vía telefónica más la fuente bibliográfica que me facilitó mi
compañero Manolo así como fotografías de la vida y obra de Alfonso, he
elaborado el presente artículo, del cual me siento agradecida ya que me ha dado
la oportunidad de acercarme y conocer un poco los detalles de la vida y la producción
artística del pintor, en la cual se pone de manifiesto el gran don que ha
poseido siempre para la pintura, ya que sabe reflejar con gran belleza y
perfección la cotidianeidad de ambientes concretos como los paisajes manchegos
y marinos por ejemplo, así como la
utilización de una gran variedad de géneros pictóricos como el paisaje,
retrato, bodegón, historieta en portadas de novelas, ilustraciones en libros, pintura
religiosa e histórica, etc…
Y así, al contarle lo que yo conocía de él a partir de
información recabada en internet y por una presentación de Manuel Diaz-Pinés Fernández-Prieto
en Youtube, el me fue detallando con
amabilidad muchos aspectos de su obra haciendo puntualizaciones de muchos
detalles y vivencias de su vida.Decir que nació el día 3 de febrero de 1932 y
creció en los años difíciles de la Postguerra. Cuando iba al colegio “don
Cristobal” comenzó a hacer dibujos a plumilla y a partir de ahí se dio cuenta
de que quería ser pintor, empezando a sentir verdadera inquietud por el Arte. Empezó
a formarse en un cursillo de pintura patrocinado por el Ayuntamiento e
impartido por el pintor local Antonio Iniesta. Además, Alfonso afirma en un
artículo publicado en “Siembra” en el año 1987: “Mi tierra me dio la luz. Con
mi tesón y unos cuantos años de trabajo presenté ante mis paisanos mis primeros
cuadros…”
Salió de Manzanares con 23 años para trasladarse a Madrid con
el objetivo de conseguir el permiso oficial de copista del Museo del Prado,
cosa que consiguió. Pasó 7 años en el Museo del Prado, lupa en mano analizando
y efectuando copias de grandes maestros. Previamente estuvo trabajando en el
estudio “Golmen” realizando carteles de publicidad, portadas e ilustraciones
interiores de libros. Además ingresó en el Colegio de Decoradores de Madrid y
se dedicó durante un tiempo a diseñar muebles de jardín en hierro hasta su
terminación, siempre sin descuidar la realización de pinturas al óleo.
Para él, que lleva toda la vida pintando y aún lo sigue
haciendo, pintar es un sacrificio como tantos. En Madrid estuvo recibiendo un
tiempo clases de Pintura, pero lo acabó abandonando porque no le gustaban
demasiado. Y así empezó a hacer cuadros por encargo por lo que sus obras
empezaron a introducirse en diferentes países de Europa, Norteamérica e
Hispanoamérica.
De su obra pictórica podemos resaltar por su relación con
Manzanares, su cuadro que representa a la Virgen María bajo la advocación de la
Divina Pastora, ubicado en el Altar Mayor de la Iglesia de la Divina Pastora,
que data del año 1964. Dicho cuadro es una copia exacta del Óléo sobre lienzo
de 167 x 127 cm llamado “la Divina Pastora” de Bernardo Lorente Germán, que fue
atribuida durante mucho tiempo a Murillo y que se encuentra en el Museo del Prado. A la pregunta
de Alfonso de si sé la historia del cuadro, le digo que sólo sé que tardó
solamente unos 28 días en realizarlo y que para mí no deja de ser una historia
muy curiosa aunque no sé los entresijos de la misma. Entonces empieza a
contarme que primeramente se le fue encargada la obra a Antonio Iniesta, el
cual rehusó realizarla por el poco margen de tiempo que tenía para llevarla a
cabo. Entonces entre su hermano Jerónimo y el Padre Cristino, promotor de la
construcción de la Iglesia, “envolaron” a Alfonso, como él mismo afirma, a realizar el cuadro, que mediría 6 m de largo
y 3 de ancho, en un tiempo récord de 28
a 29 días, para que estuviese en la Iglesia el día 1 de mayo para su
inauguración. Entonces aprovechando que Alfonso recientemente había adquirido
un piso en Madrid y lo tenía aún vacio, extendió la tela en el suelo del salón
y consiguió terminarlo para la fecha indicada. Una vez acabado lo trajo desde
Madrid gracias a que un primo suyo lo transportó en su furgoneta, enrollado con
sumo cuidado y lo suficientemente seco para que la pintura no se corriese.
Cuando llegó a la Iglesia, los obreros que se encontraban
allí ultimando los detalles para la inauguración, le aplaudieron al verlo
llegar ya que había conseguido terminar la obra en el tiempo estipulado. Me
cuenta bromeando que ese fue practicamente el único reconocimiento que tuvo a
su esfuerzo pues nadie mencionó durante la celebración de inauguración de la
Iglesia, quien había sido el autor del cuadroque mostraba a la titular de la
misma, ni tampoco apareció su nombre en
unos programas que hicieron para la ocasión. Alfonso estiró el lienzo en el suelo porque los muros
estaban aún blandos y entonces, Humberto Pacheco, un carpintero que estaba allí,
le dijo que dado que el bastidor que la tela precisaba estaba preparado y el
cuadro peligraba estando en el suelo, sería conveniente empezarlo a colocar. Y
sobre la marcha mandó a los chavales que trabajaban con él al taller a buscar
las molduras que le podrían venir bien. Y de este modo, Alfonso fue clavando el
lienzo en la pared del Altar Mayor para posteriormente colocarle el marco,
barnizar el lienzo y firmarlo. Afortunadamente, después del gran esfuerzo que
realizó al trabajar intensamente durante muy pocos días en un cuadro de grandes dimensiones, Alfonso pudo ver su obra
finalizada.
Alfonso también me
cuenta que realizó retratos de personas insignes de Manzanares, por ejemplo del
médico don Emiliano García Roldán, amigo suyo, el cual al decirle que lo iba a
pintar, le respondió que él tenía que pasar consulta y que no se podía parar a
posar. No obstante, al final pudo hacerle el retrato. De hecho pintó retratos
de otras personas de Manzanares por encargo, o también de personas que fueron
nombradas hijos predilectos o destacadas por diversas actividades. Su deseo hubiera
sido hacer una exposición, pero su propuesta fue rechazada por el Ayuntamiento
y los cuadros se encuentran en casa del Notario García Noblejas.
También en 1990, coincidiendo con el III Centenario de la
Fundación de la Hermandad de Jesús del Perdón, Alfonso presentó un boceto para
realizar un cuadro con objeto de ser colocado en la Ermita de la Veracruz, conmemorando el encuentro protagonizado el
día 31 de marzo de 1809, a las afueras de Manzanares por el párroco Pedro
Álvarez de Sotomayor con el general francés Sebastiani durante la Guerra de la
Independencia. Sin embargo, los miembros de la Junta desestimaron el
ofrecimiento, pues años antes el pintor Antonio Iniesta había prometido
realizar una obra semejante para el mismo fin, la cual una vez ejecutada, fue
adquirida para su colocación en la misma. Todo esto hizo que Alfonso se
sintiese sorprendido, pues el precio que se pagó por dicho cuadro fue
aproximadamente el mismo que el solicitó si ejecutaba el cuadro en su
presentación.
Quizás, algún día no muy lejano, esta obra de Alfonso debiera
estar en algún lugar apropiado y público de Manzanares para que pueda ser
admirada no sólo por su valor artístico, sino también por la relevancia que
tiene en cuanto que representa un importante episodio histórico para el pueblo
de Manzanares que denota la arraigada religiosidad del pueblo en la búsqueda de
compasión ante la situación de violencia que conlleva la guerra.
De la información que se me facilita quiero resaltar que
Alfonso ha hecho varias exposiciones individuales en Manzanares en las
siguientes fechas: 1949, 1951, 1953,
1959, 1974, 1975. 1997 y 2001. Destacar la Exposición de “Pintura Solidaria” que hizo en abril de 2011 a beneficio de Cáritas Interparroquial
de Manzanares donde dono una veintena de óleos los cuales he podido ver en
fotografías de Carlos Caba y la que también realizó en Madrid con fines
benéficos para un proyecto de misión desarrollado por los PP. Redentoristas, lo
cual deja entrever su generosidad hacía los demás.
Recientemente intentó llevar a cabo otra exposición aquí en
Manzanares, pero afirma que desde el Ayuntamiento se le pusieron muchas trabas
para llevarla a cabo en relación con las fechas que el solicitaba.
Después de una media hora de conversación telefónica con
Alfonso, nos despedimos. Él mismo me manifiesta su disposición en orden a
aclararme cualquier duda que me pueda surgir después en cuanto a la redacción
de mi artículo. No es fácil resumir una dilatada carrera con una producción tan
densa en pocas páginas. No obstante, me quedo con la satisfacción de haberme
podido acercar a la figura del que para mí hace tan sólo unos días era un
perfecto desconocido, de haber podido indagar en su obra y de por supuesto
sentirme totalmente eclipsada por la belleza de sus creaciones. Mi
agradecimiento a ti Alfonso y mi deseo que que seas reconocido en tu pueblo del
que partiste un día con la esperanza de recrear sueños de eternidad en multitud
de lienzos. Estoy absolutamente convencida de que conseguiste tu propósito.
MARÍA TERESA GARCÍA
PERALES





