martes, 23 de enero de 2018

ALFONSO LOZANO VALLE

 

ALFONSO LOZANO VALLE

El pasado 9 de enero tuve oportunidad de mantener una conversación telefónica con Alfonso Lozano Valle, dibujante, ilustrador y pintor nacido en Manzanares.

Le hablé de la posibilidad de hacerle una entrevista para “Siembra” acerca de su vida y obra, a lo cual me respondió que no había problema. Me dijo que Manuel Rodríguez Mazarro, colaborador de esta revista, tenía mucha información sobre él como he podido comprobar. Y así a partir de lo que él me contó vía telefónica más la fuente bibliográfica que me facilitó mi compañero Manolo así como fotografías de la vida y obra de Alfonso, he elaborado el presente artículo, del cual me siento agradecida ya que me ha dado la oportunidad de acercarme y conocer un poco los detalles de la vida y la producción artística del pintor, en la cual se pone de manifiesto el gran don que ha poseido siempre para la pintura, ya que sabe reflejar con gran belleza y perfección la cotidianeidad de ambientes concretos como los paisajes manchegos y marinos por ejemplo,  así como la utilización de una gran variedad de géneros pictóricos como el paisaje, retrato, bodegón, historieta en portadas de novelas, ilustraciones en libros, pintura religiosa e histórica, etc…

Y así, al contarle lo que yo conocía de él a partir de información recabada en internet y por una presentación de Manuel Diaz-Pinés Fernández-Prieto en Youtube,  el me fue detallando con amabilidad muchos aspectos de su obra haciendo puntualizaciones de muchos detalles y vivencias de su vida.Decir que nació el día 3 de febrero de 1932 y creció en los años difíciles de la Postguerra. Cuando iba al colegio “don Cristobal” comenzó a hacer dibujos a plumilla y a partir de ahí se dio cuenta de que quería ser pintor, empezando a sentir verdadera inquietud por el Arte. Empezó a formarse en un cursillo de pintura patrocinado por el Ayuntamiento e impartido por el pintor local Antonio Iniesta. Además, Alfonso afirma en un artículo publicado en “Siembra” en el año 1987: “Mi tierra me dio la luz. Con mi tesón y unos cuantos años de trabajo presenté ante mis paisanos mis primeros cuadros…”

Salió de Manzanares con 23 años para trasladarse a Madrid con el objetivo de conseguir el permiso oficial de copista del Museo del Prado, cosa que consiguió. Pasó 7 años en el Museo del Prado, lupa en mano analizando y efectuando copias de grandes maestros. Previamente estuvo trabajando en el estudio “Golmen” realizando carteles de publicidad, portadas e ilustraciones interiores de libros. Además ingresó en el Colegio de Decoradores de Madrid y se dedicó durante un tiempo a diseñar muebles de jardín en hierro hasta su terminación, siempre sin descuidar la realización de pinturas  al óleo.

Para él, que lleva toda la vida pintando y aún lo sigue haciendo, pintar es un sacrificio como tantos. En Madrid estuvo recibiendo un tiempo clases de Pintura, pero lo acabó abandonando porque no le gustaban demasiado. Y así empezó a hacer cuadros por encargo por lo que sus obras empezaron a introducirse en diferentes países de Europa, Norteamérica e Hispanoamérica.

De su obra pictórica podemos resaltar por su relación con Manzanares, su cuadro que representa a la Virgen María bajo la advocación de la Divina Pastora, ubicado en el Altar Mayor de la Iglesia de la Divina Pastora, que data del año 1964. Dicho cuadro es una copia exacta del Óléo sobre lienzo de 167 x 127 cm llamado “la Divina Pastora” de Bernardo Lorente Germán, que fue atribuida durante mucho tiempo a Murillo y  que se encuentra en el Museo del Prado. A la pregunta de Alfonso de si sé la historia del cuadro, le digo que sólo sé que tardó solamente unos 28 días en realizarlo y que para mí no deja de ser una historia muy curiosa aunque no sé los entresijos de la misma. Entonces empieza a contarme que primeramente se le fue encargada la obra a Antonio Iniesta, el cual rehusó realizarla por el poco margen de tiempo que tenía para llevarla a cabo. Entonces entre su hermano Jerónimo y el Padre Cristino, promotor de la construcción de la Iglesia, “envolaron” a Alfonso, como él mismo afirma,  a realizar el cuadro, que mediría 6 m de largo y 3 de ancho,  en un tiempo récord de 28 a 29 días, para que estuviese en la Iglesia el día 1 de mayo para su inauguración. Entonces aprovechando que Alfonso recientemente había adquirido un piso en Madrid y lo tenía aún vacio, extendió la tela en el suelo del salón y consiguió terminarlo para la fecha indicada. Una vez acabado lo trajo desde Madrid gracias a que un primo suyo lo transportó en su furgoneta, enrollado con sumo cuidado y lo suficientemente seco para que la pintura no se corriese.

Cuando llegó a la Iglesia, los obreros que se encontraban allí ultimando los detalles para la inauguración, le aplaudieron al verlo llegar ya que había conseguido terminar la obra en el tiempo estipulado. Me cuenta bromeando que ese fue practicamente el único reconocimiento que tuvo a su esfuerzo pues nadie mencionó durante la celebración de inauguración de la Iglesia, quien había sido el autor del cuadroque mostraba a la titular de la misma,  ni tampoco apareció su nombre en unos programas que hicieron para la ocasión. Alfonso  estiró el lienzo en el suelo porque los muros estaban aún blandos y entonces, Humberto Pacheco, un carpintero que estaba allí, le dijo que dado que el bastidor que la tela precisaba estaba preparado y el cuadro peligraba estando en el suelo, sería conveniente empezarlo a colocar. Y sobre la marcha mandó a los chavales que trabajaban con él al taller a buscar las molduras que le podrían venir bien. Y de este modo, Alfonso fue clavando el lienzo en la pared del Altar Mayor para posteriormente colocarle el marco, barnizar el lienzo y firmarlo. Afortunadamente, después del gran esfuerzo que realizó al trabajar intensamente durante muy pocos días en un cuadro de  grandes dimensiones, Alfonso pudo ver su obra finalizada.

 Alfonso también me cuenta que realizó retratos de personas insignes de Manzanares, por ejemplo del médico don Emiliano García Roldán, amigo suyo, el cual al decirle que lo iba a pintar, le respondió que él tenía que pasar consulta y que no se podía parar a posar. No obstante, al final pudo hacerle el retrato. De hecho pintó retratos de otras personas de Manzanares por encargo, o también de personas que fueron nombradas hijos predilectos o destacadas por diversas actividades. Su deseo hubiera sido hacer una exposición, pero su propuesta fue rechazada por el Ayuntamiento y los cuadros se encuentran en casa del Notario García Noblejas.

También en 1990, coincidiendo con el III Centenario de la Fundación de la Hermandad de Jesús del Perdón, Alfonso presentó un boceto para realizar un cuadro con objeto de ser colocado en la Ermita de la Veracruz,  conmemorando el encuentro protagonizado el día 31 de marzo de 1809, a las afueras de Manzanares por el párroco Pedro Álvarez de Sotomayor con el general francés Sebastiani durante la Guerra de la Independencia.  Sin embargo,  los miembros de la Junta desestimaron el ofrecimiento, pues años antes el pintor Antonio Iniesta había prometido realizar una obra semejante para el mismo fin, la cual una vez ejecutada, fue adquirida para su colocación en la misma. Todo esto hizo que Alfonso se sintiese sorprendido, pues el precio que se pagó por dicho cuadro fue aproximadamente el mismo que el solicitó si ejecutaba el cuadro en su presentación.

Quizás, algún día no muy lejano, esta obra de Alfonso debiera estar en algún lugar apropiado y público de Manzanares para que pueda ser admirada no sólo por su valor artístico, sino también por la relevancia que tiene en cuanto que representa un importante episodio histórico para el pueblo de Manzanares que denota la arraigada religiosidad del pueblo en la búsqueda de compasión ante la situación de violencia que conlleva la guerra.

De la información que se me facilita quiero resaltar que Alfonso ha hecho varias exposiciones individuales en Manzanares en las siguientes fechas:  1949, 1951, 1953, 1959, 1974, 1975. 1997 y 2001. Destacar la Exposición de “Pintura Solidaria”  que hizo en abril de 2011 a beneficio de Cáritas Interparroquial de Manzanares donde dono una veintena de óleos los cuales he podido ver en fotografías de Carlos Caba y la que también realizó en Madrid con fines benéficos para un proyecto de misión desarrollado por los PP. Redentoristas, lo cual deja entrever su generosidad hacía los demás.

Recientemente intentó llevar a cabo otra exposición aquí en Manzanares, pero afirma que desde el Ayuntamiento se le pusieron muchas trabas para llevarla a cabo en relación con las fechas que el solicitaba.

Después de una media hora de conversación telefónica con Alfonso, nos despedimos. Él mismo me manifiesta su disposición en orden a aclararme cualquier duda que me pueda surgir después en cuanto a la redacción de mi artículo. No es fácil resumir una dilatada carrera con una producción tan densa en pocas páginas. No obstante, me quedo con la satisfacción de haberme podido acercar a la figura del que para mí hace tan sólo unos días era un perfecto desconocido, de haber podido indagar en su obra y de por supuesto sentirme totalmente eclipsada por la belleza de sus creaciones. Mi agradecimiento a ti Alfonso y mi deseo que que seas reconocido en tu pueblo del que partiste un día con la esperanza de recrear sueños de eternidad en multitud de lienzos. Estoy absolutamente convencida de que conseguiste tu propósito.

 

MARÍA TERESA GARCÍA PERALES

 






 

 

 

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