domingo, 11 de marzo de 2018

ORA A TU PADRE QUE ESTÁ EN LO SECRETO.




 

A pocos días de comenzar la Cuaresma me reuní con los niños de Catequesis como cada lunes. Son niños de tercer curso que se preparan para hacer la Primera Comunión y como es normal a su edad, son niños inquietos y espontáneos a los que les gusta expresarse y que disfrutan comunicándose y contando sus experiencias. El título del tema ese día era: “Jesús ora y cumple la voluntad de su Padre”, lo que me llevó a pensar que era un tema muy apropiado en este tiempo fuerte del año litúrgico en que todo nos habla de oración, de reflexión, de ayuno, de penitencia, de conversión espiritual, de ornamentos morados y de  preparación  para la gran fiesta de la Pascua.

Empecé cuestionándoles a mis catecúmenos cómo podíamos hablar con Dios y cuando les pregunté si podíamos hablar con Él por medio del móvil o internet les hacia mucha gracia, porque tenían muy claro que es por medio de la oración cómo se llega hasta Él. Entonces fue cuando les pregunté qué era para ellos “orar” o “rezar” y entonces fue cuando me sorprendieron con respuestas del tipo: “Rezar es abrir el corazón y ponerse ante Jesús…”,  “Para rezar es necesario concentrarse…”, “Rezar es pensar en Dios…”, “Para rezarle a Dios hay que creer en Él y ser su amigo”, “Cuando rezamos podemos darnos la mano…”, “Jesús dijo: “Dónde dos o tres están reunidos en su nombre, allí estoy yo en medio de ellos”.

A continuación estuvimos hablando sobre algunos tipos de oración: de agradecimiento, de alabanza, de petición… y volvieron a sorprenderme porque  ante los ejemplos que les iba proponiendo, ellos sabían de qué tipo de oración se trataba.

Salí contenta de la Catequesis porque pienso que ese día la Catequesis me la dieron ellos al observar sus manos entrelazadas y sus ojos cerrados rezando el Padre Nuestro, la oración que el mismo Jesús nos enseñó. Además me convencí una vez más de la fuerza que tiene la oración para abrir nuestro corazón a Dios y a los demás, comprometiéndonos y amando como sólo Él nos ama.

Que la oración nos transforme, nos conceda esperanza y nos ayude a orientar nuestra vidas sabiendo ver todo lo bueno que cada día nos ofrece.

MARÍA TERESA GARCÍA PERALES

 


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