viernes, 18 de marzo de 2022

ENTREVISTA A INMA COTILLO.

 

Recientemente nos dejaba Mati Fresneda, catequista de la Parroquia de Altagracia, muy querida y recordada por todos, especialmente por sus compañeras, que la describen como una persona muy sencilla, buena, cariñosa y discreta. De ella también dicen que siempre tenía una sonrisa en la boca, que era muy paciente y que no protestaba nunca.

Impartió catequesis desde 1995 hasta 2004, cuando por motivos de salud tuvo que dejarlo; una vez recuperada, continuó dando catequesis unos años más, faltando pocas veces a su cita semanal con sus catecúmenos.

Dio catequesis en 4º, siendo sus compañeras Paloma Lorente, Mari Ramos y Tere Sepúlveda, y después estuvo dando catequesis también en 2º. Tenía una fe fuerte y un don especial para atraer la atención de los niños que la querían mucho.

Cuentan que eran años de mucha unión entre las catequistas, que se reunían varias veces al año para hacer convivencias y comidas o cenas de Navidad. En algunos de esos encuentros, no faltaban las tortillas de Mati que eran famosas por lo buenas que estaban.

Cuando Don Jerónimo llegó a la parroquia comenzó con unas reuniones de formación para mayores a las que denominó “El Tren de la Fe”. A esas reuniones fueron invitadas algunas catequistas más jóvenes como Matilde,  Tere Sepúlveda, Rosa Mari y de ahí salió un grupo de formación para adultos de los viernes a los que venía mucha gente a formarse, formación que después siguió teniendo continuidad a la llegada de Don Secundino. Los últimos años Mati asistía con cierta dificultad por su enfermedad, e incluso la acompañaba casi siempre su esposo.

Ha pasado muy poco tiempo desde su partida a la casa del Padre y por ello, le hemos pedido a su hija Inma que nos hable de su madre y de su familia:

“Mi madre nació el 13 de marzo de 1947 en Manzanares. Sus padres decidieron ponerle el nombre de su abuela paterna que había nacido, coincidencias de la vida, un día después, el 14 de marzo, día de Santa Matilde. Por ello, celebraba su cumpleaños y santo en días consecutivos. Ella prefería que le llamaran Mati, en vez de Matilde.

Casada desde el 1971 con mi padre, Fernando Cotillo, su compañero de vida y con el que formó su familia, con mi hermano Fernando y conmigo. Los dos han sido para nosotros ejemplo de amor y dedicación el uno para el otro hasta sus últimos momentos juntos”.

¿Dónde nació tu madre?

Nació en Manzanares, aunque mis abuelos no eran de aquí (Villanueva de la Fuente y Membrilla respectivamente). Tenía un hermano que pronto dejó el hogar familiar para estudiar y vivir fuera de Manzanares. Actualmente vive en Úbeda (Jaén). Siempre mantuvieron una relación de mucho cariño, aunque ya en los últimos años, debido a que tanto mi madre como mis tíos tenían problemas de salud, no podían visitarse muy a menudo. 

Fue al colegio San José de las Madres Concepcionistas. Recuerdo muchísimas anécdotas que nos contaba de esa época sobre sus compañeras de clase y profesoras. Ella me contaba que incluso cuando terminó sus estudios, siguió acudiendo a actividades religiosas que se celebraban allí.

¿Cómo la describirías?

Describiría a mi madre como una persona amable, muy sensible, de trato muy afable, siempre con una sonrisa para los demás.  Muy dedicada a su familia, siempre atenta a nuestras necesidades. 

Ella cuando más disfrutaba era cuidando y estando pendiente de los demás, hasta tal punto llegaba que aún estando ya bastante enferma, lo seguía haciendo y lo prefería en vez de que cuidarán de ella. 

También fue muy creyente, con profundas convicciones religiosas.  En sus últimos años, su enfermedad no le permitía acudir a la parroquia como lo había estado haciendo con anterioridad. Sin embargo, escuchaba la misa en la televisión y en la radio todas las mañanas. Rezaba y leía sus oraciones en un pequeño libro que siempre guardaba en la mesita de noche junto con sus rosarios. Pertenecía a la hermandad de Nuestro Padre Jesús del Perdón, del que era muy devota junto con la Virgen del Espino, pienso que transmitido por mi abuela que era de Membrilla.

¿Qué destacarías de ella?

Me gustaría destacar también su espíritu de ayuda a los demás y su espíritu de sacrificio. Fue miembro del voluntariado de San Vicente de Paúl colaborando en diversas actividades que se realizaban con los “abuelos” (como ella siempre les llamaba con tanto cariño) en la Residencia de Ancianos de La Milagrosa. Ayudaba en la cena, cosía con ellas, hacían manualidades juntas, participaba en pequeñas representaciones, etc.  Para ella era algo que aunque le producía una gran satisfacción y disfrutaba de ello, le traía no muy agradables recuerdos de mis abuelas que habían tenido Alzheimer y había cuidado también hasta su muerte.

¿Cuáles eran sus aficiones?

Mi madre era una gran lectora. Quizá esa fue de las pocas aficiones que pudo cultivar hasta sus últimos días. Multitud de libros llenan las estanterías de mi casa y fueron su compañía en los momentos en que no podía salir a la calle por su delicada salud.  Me siento profundamente agradecida a mi madre, porque desde muy pequeña, ella fue la que me inició en la lectura. Creo que su imagen devorando libros incluso en momentos tan peculiares como durante el desayuno fue lo que a mí me introdujo en ese mundo.

A mi madre le encantaban todas esas actividades que estaban relacionadas con la costura. Recuerdo mis tardes de colegio sentada en el pequeño comedor de mi casa con el ruido de fondo de las animadas conversaciones de mi abuela y de mi madre cosiendo algunas veces, otras veces tejiendo o haciendo ganchillo.

Más tarde cuando mi hermano y yo fuimos mayores y no pasábamos tanto tiempo en casa, formó parte de diversas actividades grupales dedicadas a las manualidades, donde siempre tuvo muchas amigas.

¿Cuál es la enseñanza más importante que consideras que te ha transmitido?

Durante toda una vida, debemos tantísimas cosas a nuestros padres que sería muy difícil reflejarlas aquí en unas pocas líneas. Pero quizá me atrevería a decir que me quedaría con su enseñanza en hacer el bien a los demás, en tener siempre una palabra amable para todo el mundo, en su preocupación por los que más lo necesitan y en su profunda dedicación y entrega a su familia.  Me parece que mi madre se refleja de manera muy importante en como yo soy también madre de mis hijos. Los valores que ella siempre inculcó en mi hermano y en mí son los que intento yo reflejar en los míos. El profundo amor y la dedicación de tantos años hacia mi padre y sus hijos son los que hoy en día yo también quiero que estén presentes en mi familia.

¿Qué recuerdos atesoras con más cariño de ella?

En estos últimos días después de su muerte, como me imagino que le pasa a cualquier persona que pierde un ser querido, los recuerdos surgen a borbotones por cualquier detalle que aparece en el día a día. Por desgracia, la enfermedad marcó los últimos momentos de mi madre, algo que aunque aparece en mi mente, intento sustituir con situaciones más felices y gratificantes.

Recuerdo sus buenos momentos, en los que ella disfrutaba de sus nietos. Como siempre los esperaba cada fin de semana que llegaban, con algún regalito y con todas las cosas que a ellos les gustaban para comer. Como su cara se transformaba al verlos entrar por la puerta y como llenaban su vida de alegría.

Pero sobre todo mis mejores recuerdos son las largas conversaciones y los miles de momentos que pasamos juntas. Malos y buenos. Creo que todos han marcado mi vida en una forma positiva de alguna manera.  Ella fue mi apoyo y yo también lo fui para ella en las situaciones que por desgracia en la vida tuvo que superar.

 

¿Cuál consideras que es el legado más importante que deja en ti y en sus familiares más cercanos?

Creo que en lo que principalmente deja su legado es su espíritu de ayuda a los demás, su cariño al cuidar de los suyos, y sobre todo de atenderles cuando más lo necesitaban.

Gracias Inma por hablarnos y darnos a conocer cómo era tu madre. Desde aquí os queremos hacer llegar todo nuestro cariño, afecto y dolor por su pérdida.

 

 

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