martes, 31 de diciembre de 2024

PUBLICACIÓN PARA EL LIBRO DE LA HERMANDAD DE LA VIRGEN DE LA PAZ DE MANZANARES

 

“Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios”.

La séptima bienaventuranza nos invita a trabajar por la paz, siguiendo el ejemplo de Jesús, para poder así entregarnos a Él y a los demás. Paz, una bella palabra que nos interpela y que no nos deja indiferentes.

Un año más, en las postrimerías de un mes de enero que agoniza, nuestra Virgen de la Paz nos convoca de nuevo a celebrar las fiestas en su honor. Es ésta, una cita obligada cada año, una tradición que perdura, una devoción popular de siglos que completa las celebraciones de los llamados “Santos Viejos”.

Dichas fiestas, que transcurren en torno al 24 de enero, se desarrollan en la Ermita que alberga a la Virgen de la Paz, la cual abre sus puertas y se engalana para celebrar diversos actos durante unos días. Manzanares une sus fuerzas para honrar de manera especial a nuestra Bendita Madre y confiarle especialmente nuestras súplicas, para agradecerle su presencia en nuestra vida como luz y guía, con y para nosotros.

Reconozco que me atrae esta celebración y que María, en su advocación de la Paz me fortalece, me inspira y me empuja a elevar mi oración para que interceda y derrame su paz en todos los lugares y los corazones, concediéndonos la gracia de sentirnos como hermanos, con serenidad y confianza.



Y es así como renace la esperanza y el deseo de acompañarla en estas fechas en su casa, ponernos en su presencia, transmitirle como hijos suyos nuestras inquietudes y temores, y ofrecerle nuestra vida entera, con sus luces y sus sombras, sus alegrías y sus tristezas.

En este año en que, convocado por el Papa Francisco, la Iglesia Universal celebra el Jubileo 2025, pedimos a nuestra madre que nos enseñe a vivir en paz y entrega.  El lema: “Peregrinos de esperanza”, nos empuja a rezar por la paz, a sentirla y comunicarla, como la gran familia que formamos los Hijos de Dios, para que todos puedan vivir en armonía.

Termino esta reflexión con un recuerdo especial para todas las personas que sufren a lo largo y ancho del mundo, los que sufren las guerras o son víctimas de desastres naturales, especialmente a todas aquellas afectadas por la Dana en la Comunidad Valenciana. Han sido mucho los que unidos a su dolor les han ayudado y siguen ayudándoles para que vuelvan a rehacer sus vidas y sus hogares, en medio de tanto sufrimiento.

Que nuestra Virgen de la Paz sea siempre nuestro refugio y nos inspire y ayude para que podamos anunciar siempre la paz con valentía: “la paz de Dios que sobrepasa todo entendimiento, cuidará sus corazones y sus pensamientos en Cristo Jesús”. (Filipenses 4:7).

 

MARÍA TERESA GARCÍA PERALES.

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