“Bienaventurados los
que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios”.
La séptima
bienaventuranza nos invita a trabajar por la paz, siguiendo el ejemplo de
Jesús, para poder así entregarnos a Él y a los demás. Paz, una bella palabra
que nos interpela y que no nos deja indiferentes.
Un año más, en las postrimerías de un mes de enero que
agoniza, nuestra Virgen de la Paz nos convoca de nuevo a celebrar las fiestas
en su honor. Es ésta, una cita obligada cada año, una tradición que perdura,
una devoción popular de siglos que completa las celebraciones de los llamados
“Santos Viejos”.
Dichas fiestas, que transcurren en torno al 24 de enero, se
desarrollan en la Ermita que alberga a la Virgen de la Paz, la cual abre sus
puertas y se engalana para celebrar diversos actos durante unos días. Manzanares
une sus fuerzas para honrar de manera especial a nuestra Bendita Madre y confiarle
especialmente nuestras súplicas, para agradecerle su presencia en nuestra vida
como luz y guía, con y para nosotros.
Reconozco que me atrae esta celebración y que María, en su
advocación de la Paz me fortalece, me inspira y me empuja a elevar mi oración
para que interceda y derrame su paz en todos los lugares y los corazones, concediéndonos
la gracia de sentirnos como hermanos, con serenidad y confianza.
Y es así como renace la esperanza y el deseo de acompañarla en
estas fechas en su casa, ponernos en su presencia, transmitirle como hijos
suyos nuestras inquietudes y temores, y ofrecerle nuestra vida entera, con sus
luces y sus sombras, sus alegrías y sus tristezas.
En este año en que, convocado por el Papa Francisco, la
Iglesia Universal celebra el Jubileo
2025, pedimos a nuestra madre que
nos enseñe a vivir en paz y entrega. El
lema: “Peregrinos de esperanza”, nos
empuja a rezar por la paz, a sentirla y comunicarla, como la gran familia que
formamos los Hijos de Dios, para que todos puedan vivir en armonía.
Termino esta reflexión con un recuerdo especial para todas
las personas que sufren a lo largo y ancho del mundo, los que sufren las
guerras o son víctimas de desastres naturales, especialmente a todas aquellas afectadas
por la Dana en la Comunidad Valenciana. Han sido mucho los que unidos a su
dolor les han ayudado y siguen ayudándoles para que vuelvan a rehacer sus vidas
y sus hogares, en medio de tanto sufrimiento.
Que nuestra Virgen de la Paz sea siempre nuestro refugio y nos
inspire y ayude para que podamos anunciar siempre la paz con valentía: “la paz
de Dios que sobrepasa todo entendimiento, cuidará sus corazones y sus
pensamientos en Cristo Jesús”. (Filipenses 4:7).
MARÍA TERESA GARCÍA PERALES.
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