El 26 de marzo de este año pudimos participar en la celebración de la llegada hace 75 años de la actual imagen de nuestra Virgen del Traspaso. Para los que tuvimos la suerte de poder acompañarla en ese día, celebrar este evento fue un gran motivo de alegría a la vez que supuso una ocasión para que los hermanos cofrades pudiésemos encontrarnos en torno a María nuestra madre, bajo la advocación del Traspaso.
Para mí personalmente que
pertenezco a la Cofradía desde hace poco más de 11 años, vivir este día tan
intenso y tan lleno de momentos tan entrañables
supuso un gran gozo a la vez que recordé la primera vez que la ví en mi primera
visita a Manzanares y el cúmulo de sentimientos que produjo en mí al
contemplarla. Sin duda fue su extremada sencillez, la armonia de sus ropas y su gran expresividad obsevando en su regazo
a su hijo muerto lo que más me conmovió.
Por ello, el haber tenido la ocasión de vivir la efemerides de su llegada a Manzanares con una
Eucaristía dominical en la Parroquia de la Asunción donde Ella fue la
protagonista y escuchar un Himno dedicado a ella y compuesto e interpretado
para la ocasión por el Coro y Rondalla de Mayores, hizo que todos los que
estábamos allí pudiésemos emocionarnos profundamente.
Y para cerrar los actos en honor a nuestra Virgen tuvimos la
oportunidad de poder acompañarla por las calles de Manzanares, en un itinerario
y horario inhabitual en relación al que estamos acostumbrados. Además, tuvimos
la suerte de que el día amaneció radiante y cargado de luminosidad, lo cual
engrandeció el desfile procesional hasta el Guardapasos donde finalizó.
De todos los momentos vividos ese día guardo un bello
recuerdo en mi corazón y una sensación muy agradable por haber podido compartir
ese día con muchas personas que vibramos por un mismo ideal: el gran amor y
respeto a nuestra Madre, nuestra Virgen del Traspaso. Y así, con la alegría de poder
encontrarnos aquel día pudimos celebrar y
vivir la Fe, así como sentirnos
vivos, agradecidos y más unidos que nunca.
Y ahora, cuando han pasado unos meses de este evento y nos
acercamos de nuevo al día 21 de noviembre en el que como cada año los hermanos
celebramos de manera especial la onomástica de “Ntra. Señora de la Piedad”, es
buena ocasión para agradecer los momentos vividos y así seguir dando razón de
nuestra esperanza en el mundo en que vivimos. Sin duda, nuestra Madre del
Traspaso seguirá orientando y alentándonos en nuestro camino para que no
cesemos nunca de transmitir a los demás la alegría que sólo Ella y su Hijo Unigénito nos pueden dar.
MARIA TERESA GARCÍA
PERALES
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