sábado, 19 de octubre de 2019

LA IMPORTANCIA DE NUESTRA FE.



Para la mayoría de los creyentes la Fe en Dios es una elección que nos motiva y alienta. En muchos de nuestros hogares la hemos vivido siempre muy de cerca, porque nuestros padres así nos la han trasmitido, pensando desde siempre que era lo mejor. También fue en el seno de una familia y en un ambiente religioso donde la mayoría fuimos criados y recibimos los Sacramentos, para los que nos preparábamos de forma muy especial, no sólo en la Iglesia, sino también en el colegio, donde sobre todo antes de la Primera Comunión, nos preguntaban las oraciones, los mandamientos y nos enseñaban también a rezar. Recuerdo con mucha claridad y resuena en mi cabeza el eco de la oración “Bendita sea tu pureza...” cuando la recitábamos de pie en clase, poco antes de irnos a casa y sobre todo el mes de mayo, mes de las flores, dedicado a María.

Desde muy niños, estábamos familiarizados con la Parroquia, ya que desde muy pequeños asistíamos a Misa con nuestros padres y ellos nos inculcaban la fe que a su vez habían recibido de los suyos, porque pensaban que era algo bueno y que nos hacía Hijos de Dios. Además, en esos años pasábamos muchas horas en la Parroquia, lo cual nos ayudaba a crecer en la fe y en nuestra dimensión personal. En aquellos tiempos había costumbres cotidianas muy arraigadas en nuestras familias, las cuales muchas se han ido perdiendo con el paso del tiempo: rezar el rosario en familia o una oración antes de dormir, bendecir la mesa, hacer la señal de la cruz al pasar delante de la Iglesia o rezar delante de las imágenes de nuestros templos.

Actualmente algunos padres no optan por una enseñanza religiosa para sus hijos ya que opinan que sean ellos los que elijan cuando sean mayores. Sin embargo, muchos niños aún sin recibir formación religiosa disfrutan con las tradiciones de nuestros pueblos y les gusta ver las imágenes desfilando por nuestras calles, lo cual es parte de nuestra cultura y nuestras fiestas más tradicionales. A pesar de todo, aún la asignatura de Religión Católica goza del favor de la mayoría del alumnado y los creyentes pensamos que compartir con nuestros hijos nuestras fe y experiencias cristianas son “la mejor herencia que les podemos dejar”.

A la mayoría de los que estáis leyendo estas líneas, hermanos devotos de Nuestra Virgen del Traspaso, seguramente os viene a la cabeza las innumerables veces que habéis acudido a nuestra Titular en busca de consuelo, para agradecerle los favores recibidos o para pedirle por algo o alguien especial, porque nuestra devoción a ella es tan grande que siempre la tenemos presente en nuestras vidas confiándole nuestras preocupaciones y nuestro agradecimiento por lo que obra en nosotros. También recordaréis como vuestros familiares también participan de vuestra devoción a la Virgen y os sentís orgullosos cada vez que ellos asisten con vosotros a los distintos actos que se celebran en su honor.

Somos una familia en torno a nuestra Madre. Sigamos pues unidos otro año más y continuemos con la tradición de celebrar juntos de nuevo el 21 de noviembre, fecha que desde hace unos años ha quedado impresa en nuestros corazones y día en que la Iglesia conmemora entre otras la Sagrada Advocación de Nuestra Señora de la Piedad. Sigamos emocionándonos al contemplarla y con su ayuda, creciendo en la fe y trabajando por nuestra Cofradía, manteniendo así el legado que nos dejaron nuestros antepasados a pesar de que en ocasiones los nuevos tiempos no nos acompañen.

A pesar del ambiente secularizado en que vivimos siempre quedará un “resto” de personas con las que compartir nuestra fe. Sin ellas, no podríamos perseverar en el seguimiento de nuestra Virgen del Traspaso, la mediadora que nos lleva hasta Cristo y la que nos aporta la fuerza para vivir los valores del Evangelio, amando a Dios y a los demás.

MARÍA TERESA GARCÍA PERALES.

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