domingo, 21 de octubre de 2018

POR SUS FRUTOS LES CONOCERÉIS.

Otra vez y como cada año, cuando noviembre está casi por finalizar, los que pertenecemos a una Cofradía como la nuestra, podemos sentirnos satisfechos y privilegiados por poder de nuevo festejar a nuestra Virgen del Traspaso. Lejos de la Semana Santa, de nuevo el 21 de noviembre, celebramos la onomástica de nuestra titular, desarrollando como acto central una Eucaristía que nos llena de emoción y que sin duda es un motivo para el encuentro de todos los que formamos este grupo eclesial. Trasladamos a la Virgen desde su capilla al Altar para poder contemplarla, alabarla y dirigirle nuestras súplicas, agradeciéndole también la ayuda que nos brinda en las dificultades de la vida.

No obstante, esto no se puede quedar en una mera celebración de unas horas, porque desde mi punto de vista, pertenecer a una Cofradía ha de comprometer a muchas cosas más, aprendiendo de quien es nuestra titular, la Virgen María, maestra y ejemplo de vida a seguir, quien por su humildad y sencillez fue escogida por Dios para ser la Madre de Jesús. A ella encomendamos nuestras preocupaciones con la esperanza de que siempre vamos a ser escuchados, porque ella es la intercesora que nos lleva hasta Cristo.

En esta reflexión, quiero resaltar la labor callada de esos hermanos que a lo largo de los años están siempre dispuestos a dedicar gran parte de su tiempo trabajando en el cuidado, mantenimiento y mejora de las imágenes, de las carrozas e instalaciones. Son personas inquietas que desde lo más profundo de su “corazón cofrade” disfrutan con ser útiles desde la sombra para el resto, que no se cansan nunca de colaborar y que con sus acciones hacen felices a los demás, al contemplar que los propósitos que la Cofradía se va proponiendo día a día, van materializándose y consiguiéndose paso a paso con el fin de hacer viva cada Semana Santa, la tradición que han heredado de sus antecesores.

En cierta ocasión Jesús dijo: “Por sus frutos los conoceréis…”, y así, por su forma de actuar y por su conducta podremos ver cómo son muchas de las personas que encontramos a nuestro paso y que con su humildad y su buen hacer son modelo de vida para todos los que les rodean. Recordemos siempre que la grandeza está en la humildad.

Ojalá el ejemplo de todas estas personas que comparten sus “talentos” en beneficio del resto, oriente cada día nuestras acciones. Fijémonos en ellas y en su espíritu de servicio, el cual debería ser la verdadera razón para pertenecer a las cofradías.

Así, de esta forma, seguir trabajando y esforzándonos, y apoyar estas iniciativas para no perder la ilusión en esta tarea común que nos une como hermanos.

MARÍA TERESA GARCÍA PERALES. 

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