lunes, 12 de octubre de 2015

SU PRIMERA PROCESIÓN.

Amaneció una mañana diáfana y luminosa en un pueblo del corazón de La Mancha. La clara mirada de mi hija observaba la ventana de nuestra casa, donde lucía una palma labrada del Domingo de Ramos, costumbre que revivo y conservo cada año, aprendida desde mi niñez en Begíjar, el pueblo de Jaén donde he crecido y pasado la mayor parte de mi vida.

Luisa se dirigió feliz a mí, diciéndome que había llegado el día, que por fin era Viernes Santo, un día muy esperado para ella, porque iba a ser la primera vez que vestía de Nazareno acompañando a la Hermandad “Ntra.Señora del Traspaso, Descendimiento y Santa Cruz” de Manzanares, donde su padre también participa desde hace más de 30 años. Observó despacio la túnica blanca cuidadosamente colocada, la capa morada, el capirote y todo lo demás. Minutos más tarde, su padre, ella y yo salimos a la calle para seguir la costumbre que hay aquí y en tantos sitios de España, de visitar los Monumentos en la noche de Jueves Santo y en la mañana del día siguiente.

Unas horas más tarde, después de asistir a la Liturgia de Viernes Santo procedimos a lo que consideré en ese momento un bello ritual, el de vestir de Nazareno a mi hija. Sin duda pude experimentar su cara de gozo por la oportunidad de poder participar por vez primera en la Procesión junto a su padre. Sé que a pesar de su corta edad, para ella supuso sin duda una vivencia profunda que quedará en su recuerdo para siempre y que, desde mi posición de madre espero y confío en que siga identificándose a lo largo de su vida con esta Hermandad a la que pertenece desde el mismo día de su Nacimiento.

Cuando la acercamos hasta la Plaza, Luisa iba cogida de mi mano. Yo estaba muy contenta con su alegría y orgullosa de ser su madre, de tenerla junto a mí , dando gracias por poder experimentar cada día su presencia en mi vida.

Y aquella tarde, mi hija me demostró que con cinco años había entendido y asumido como una adulta , el papel que le había tocado desempeñar durante las más de tres horas que duró el Desfile Procesional. Estuvo hasta el final, con una responsabilidad atípica por su edad, eludiendo abandonar la Procesión cuando yo le preguntaba si estaba cansada. Este año, que para ella ha sido el primero, era especial para su Cofradía porque por primera vez, la Procesión iba a terminar en el Guardapasos que pocos días después fue inaugurado y que con mucho esfuerzo por fin ha podido ser una realidad desde que dicha Cofradía empezase su andadura en 1930.

Hoy en día, muchos no son partidarios de estas manifestaciones religiosas pero también puedo decir que a veces es muy fácil opinar acerca de lo que no conocemos. Vestirse y salir de Nazareno además de ser una práctica religiosa, identifica a un grupo humano que sale a la calle a encontrarse con su Fe y sus hermanos, lo cual no queda sólo en eso, porque durante todo el año llevan a cabo otras actividades de muy diversa índole. Ello les lleva a sentirse testigos y mensajeros de Cristo en un mundo cada vez más secularizado.

Y pienso una vez más, que nuestra Semana Santa nos ofrece la oportunidad a los cristianos de dejarnos envolver por un sentido religioso único que nos fortalece. Muchos dicen que hay poco sentido detrás de las tradiciones, pero lo que sí es cierto es que el amor a los titulares de las diferentes Cofradías de nuestros pueblos y ciudades nos acerca cada vez más a Dios y a nuestros hermanos.

Ahora que vamos a celebrar un año más el día de La Piedad, intentemos vivir esta fecha junto a las personas que más queremos, como Dios espera de nosotros. Y que en lo que queda de este año 2015, en el que la Iglesia Universal celebra el V Centenario del nacimiento de Santa Teresa, ella nos sirva siempre de ejemplo para sentirnos atraídos hacia Dios, ayudándonos a ser Testigos del Amor de Cristo.

María Teresa García Perales.

Manzanares, octubre del 2015.

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