Recién comenzado mayo y sumidos ya en la inmensidad fugaz de la primavera, los días se desperezan alegremente cada mañana, procurando un nuevo anhelo a nuestra existencia. Y de nuevo como cada año tiene lugar este tiempo especial en que Dios dibuja y tiñe de color y luz nuestros campos y paisajes, aumentando más si cabe su belleza.
Y no podía ser otro mes, sólo el mes de mayo,
conocido como el “mes de las flores”,
el mes que la Iglesia dedica a la Virgen
María, nuestra Madre y Madre de Dios, esa joven judía que libremente cooperó con
Dios en su plan salvífico. A ella dirigimos nuestra mirada y oraciones de forma
especial en este mes, le llevamos flores y nos encomendamos más que nunca a ella, buscando
consuelo en momentos de dificultad o de tristeza, porque ella es la mediadora
que nos lleva hasta Cristo, con un amor eterno que siempre prevalece.
En este mes también se celebran dos hermosas
advocaciones: La Virgen de Fátima el día 13 y María Auxiliadora el día 24. Así
conmemoramos de forma festiva la cercanía de María, madre y fiel compañera que
con paciencia y mucho amor nos guía a sus hijos por siempre hasta el final, como
también lo hizo con Jesús.
Rendimos culto a María y también celebramos
el “Día de la Madre”, en
recuerdo de la mujer que nos dio el ser después de llevarnos con sumo cuidado
en su seno durante nueve meses. Desde el origen de nuestra existencia nuestro
vínculo con nuestra madre es tan fuerte que condiciona nuestra vida entera,
porque ella nos ama incondicionalmente, nos escucha, nos respeta y nos protege
las veinticuatro horas del día. Su amor para nosotros es un referente que nos
da seguridad y afecta a nuestro desarrollo físico y social en el futuro y si desgraciadamente, algún día falta en el
hogar, su vacío no tiene límites.
Dicho Día
de la Madre, que en España se celebra el primer domingo de mayo, es un día
especial para recordar y apreciar el papel tan importante y primordial que cada
madre desempeña en la vida de los hijos, desviviéndose por nosotros y cuidándonos
con ternura infinita siempre.
También este mes es el Mes de las Comuniones por excelencia, porque por tradición, en él
se celebran la mayoría de las Primeras Comuniones en España. Por fin llega el
día tan añorado para muchos niños en el que después de un tiempo de preparación
en el que han conocido a Jesús, se reúnen junto a sus compañeros en la Iglesia
para recibir este Sacramento con mucha ilusión.
Ojalá no se pierda nunca el verdadero sentido
y la esencia de la Primera Comunión que es el recibir a Jesús Sacramentado por
vez primera en la Eucaristía. Evitemos pues convertir esta celebración en un
acto social, en algunos casos, similar al de otros eventos en cuanto a
organización, gastos desmedidos o invitados.
Que la Virgen nuestra Madre de Altagracia, ayude
y guie a todos los niños y niñas que en fechas próximas van a recibir este
Sacramento en nuestra parroquia. Oremos porque una vez que participen en esta
“gran fiesta de la Fe” sigan perseverando y asistiendo a Misa con la ayuda de
sus familias. Así podremos conseguir un mundo mejor con jóvenes comprometidos
que construyan el futuro de nuestra
sociedad y que amen a los demás como el Señor Jesús nos enseño: “con todo su corazón, con toda su alma, con
toda su mente y con todas tus fuerzas”.
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