De nuevo un año más el calendario señala una fecha importante para los integrantes de nuestra Cofradía, porque cada 21 de Noviembre la Iglesia celebra la onomástica de “Nuestra Señora de la Piedad”, una de las muchas advocaciones de la Virgen María y que como sabemos, se refiere al episodio de la Pasión de Cristo en que ella sostiene el cuerpo de su hijo muerto. Así es nuestra imagen titular, la Virgen del Traspaso, una Piedad, bello nombre de origen latino que deriva del término “pietas”, que quiere decir: “sentido del deber”.
Con este motivo, como ya viene siendo costumbre desde hace unos años, celebramos una Misa en honor de nuestra Virgen a la que tanto amamos y por la que tanta devoción sentimos, Misa que nos lleva a celebrar y compartir la Fe que consideramos tan importante en nuestras vidas y que nos hace sentir más cercanos a ella, la madre de Jesús.
Además esta fecha va cobrando trascendencia para nosotros cada vez más, porque es motivo de encuentro con nuestros hermanos cofrades en una fecha diferente a la Semana Santa y ello nos hace manifestar la emoción que la Virgen suscita en nuestros corazones.
Como grupo de cristianos que componemos una Cofradía pienso que no hay mejor forma que conmemorar esta fiesta así, reunidos en torno al Altar y participando de una Eucaristía tan especial donde nuestra Virgen del Traspaso ocupa un lugar privilegiado en el templo junto a su hijo. Además, el contemplar el rostro sereno de María y a Jesús muerto en sus brazos de madre trae a mi mente el mensaje de Jesús: “Amaos los unos a los otros, como yo os he amado”, porque Él nos ha amado hasta el extremo y “No hay amor más grande que el de aquél que da la vida por sus amigos”.
El hecho de ser un grupo cristiano ha de ayudarnos a considerarnos hermanos los unos a los otros. Ojalá podamos experimentar siempre ese sentimiento que nos ayudará a vivir momentos especiales durante muchos años, porque eso hace que crezcamos y hagamos “hermandad”, trabajando juntos por algo común que es nuestra Cofradía y que es tan importante para todos.
Al finalizar el Año Jubilar de la Misericordia y sabiéndonos más que nunca amados por nuestro Padre del Cielo, sigamos pues trabajando en este proyecto que llena de plenitud y sentido nuestra vida. Caminemos siempre juntos sin decaer, tras las huellas de nuestra Virgen del Traspaso con tanto Amor como ella nos ha regalado, porque ella es la mediadora que nos lleva hasta Cristo. Que su entrega y su ejemplo sean un referente y nos guíen siempre en nuestros pasos vacilantes por la vida…
Mª TERESA GARCIA PERALES.
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